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Sailor Worlds

Orson

Orson

Queridísimo amigo Filandrúpp:

Intentaré en breves líneas de dar cumplida respuesta a su reciente desafío sobre la cuestión de la existencia real de los números, adelantándole de antemano el sentido negativo en que mi argumentación versará para colmo de su paciencia y a sabiendas de la complejidad que entraña semejante despropósito. Por eso le digo que reciente, pues quería que fuera una sorpresa y  he tomado la iniciativa de auto desafiarme por ud para   proponerle a su vuesía  rebata  los argumentos que en las que serán mis 23 cartas de juventud hallará y me disculpe por la primera intención que expresa la primera frase. Pretendo con ello desarrollar mi “teoría de la absoluta rebatibilidad” y usted tendrá que tragarse aspavientos y admitir que cualquier pensamiento tiene siempre otro punto de vista que justifica el pensar de otra manera distinta al menos como distracción.  Le ruego me permita tutearle durante las siguientes líneas dado el caso que lo escrito, escrito queda y tuteado ha de verse si ha menester de seguir leyendo.

Los números como abstracción, como el idioma del universo…

Si los números existieran con ellos podrías pagar y no con dinero, no?.  Ganas de argumentar en contra tienes? Ayudarte podría la consideración de los números, esos entes que defiende la soberbia matemática, como poco preciados o de poco valor, si bien caerías en el lado oscuro de la paradoja que acabo de plantear a propósito de perderte en mi teoría de la rebatibilidad apenas encarada. 

Los números no son sino herramientas etéreas sin cuerpo físico, que necesitan referirse a algo para tener un sentido. Dos vacas son dos vacas y sin embargo “dos” a secas no dice nada. Nos sirven para contar cosas pero nunca un número me ha contado nada hasta el momento. Yo les cuento ahí que te cuenta uno tras otro pero, ellos?. Eso prueba cuanto menos que los números no tienen conversación y la gente de pocas palabras no suele ser de fiar luego… -Cha cháaan!-

No he conseguido convencerte aún? Bien, bien, veo que me aguantas ahí bien  así que seguiré un algo más, para anunciarte el final de este apasionante episodio, que te emplazo a rebatir :

Ley del ñogo-ñogo. No dirás que no tiene tirón. Ya de por sí misma casi ni le quedan a uno ganas de enunciar nada. Le sobran explicaciones pero haré el esfuerzo de acallar el eco que sin duda te habrá provocado para dejarte ver que en dicha ley no aparece un solo número. Dónde están cuando se les necesita?, te estarás preguntando ahora con la lágrima fácil de un niño al que le pasa un autobús por encima. Por si aún no reniegas a su fe y divulgación, te la enuncio tal cual; dice así; quien bien te quiere te hará llorar al menos un poco. Se me olvida algo…? Quizás un ñogo…es igual, seguimos en contacto..

 

Orson

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2 comentarios

oscar -

Estoo.., bien...(ejem), verá usted: puesto que no alcanzo, a mi pesar, el modo de ser tan educado y diplomático del caballero rayo verde, le diré que sólo creo entender una cosa, a saber: Que sólo hay una cosa que entender ¿Cuál? La cosa en sí, desde el punto de vista kantiano, creo, corríjanme si me equivoco, y si no también. La conclusión se concluye inconclusa, mmmm..., condensada en un ñogo cojuelo, desemparejado, triste. ¿Es la musicalidad del verbo, la poesía que aparece en cualquier parte, donde uno menos lo espera, incluso en el sinsentido? ¿O será que no entiendo nada? No importa: un no entender así de rítmico e hilarante es 1.618 veces más agradable que un entender lúcido pero espeso y mudo, así que voto a favor del primero.
Rebuznos cordiales.

el rayo verde -

me ha resultado un po seguirte...y creo q me he perdido en la travesia. En la oposicion existe accion y el pensamiento, me quedo entre dos aguas por no hallarme en protagonismo de discutir sobre lo tratado, pero seguiré encontrando huellas en estos asuntos...saludos cordiales
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