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El gigante Caraculiambro, señor de la ínsula Malindrania

El gigante Caraculiambro, señor de la ínsula Malindrania

Si escribir es un ejercicio que ordena los pensamientos a la par que recomendable, el de leer no lo es menos aunque sin duda diferente. Recuerdo decir al sr pillo aquello de que "el derivar era un simple ejercicio e integrar un arte", quizás en la preferencia de Leibniz contra un Newton más secretista que no compartió sus hallazgos hasta que el primero divulgara su teoría y en pos de un reconocimiento. Sin querer apartarme del tema inicial hago la misma comparación con la lectura y la escritura y como en ella y sin ánimo de confundir me pronuncio en una relación ambidireccional, pues depende de quién escriba y qué es lo que sea leído.
¿Cómo expresamos el mensaje y cómo lo leemos? No es recomendable expresarse en el mismo registro que utilizaríamos de ser escuchados pues es conveniente no olvidar que no contamos con más medio que el de las palabras. En el medio oral en que las conversaciones se desarrollan tenemos más recursos a mano, la acompañamos de gestos o de inflexiones de voz para obtener el éxito deseado. ¿Qué éxito? El de hacerse entender, curiosa necesidad.
En mi trabajo he tenido la oportunidad de comprobar a través de los mails que recibo muy a menudo la terrible realidad de los mensajes que circulamos alegremente, con motivos varios, normalmente problemas, en distintos tonos y contenidos. Supongo que la actitud perfecta sería:
-Saber leer lo que la persona quiere decir desvistiendo las numerosas valoraciones personales del remitente
-Conciliar a través de la pura información la resolución o posible acción que encamine el problema
Se dice pronto.
En la lectura de alguien influyen también las imágenes que tengamos creadas del él. Si suele ser fácil pervertir el mensaje escrito en cuanto a imposible de matizar por completo, imaginemos que éste se rodea de valoraciones que no aportan más que visión personal. Con frecuencia se acaba hablando más de las formas que de los problemas, con muchas variaciones. Me acuerdo siempre de uno de hace no mucho, que llevaba carga de reprimenda en el mensaje y que iba dirigido a varios departamentos con un asunto curioso: "graso error".
¿Es posible la información objetiva?. Desde luego es deseable y no es imposible en todas las ocasiones aunque sí bastante rara de encontrar saliendo de los terrenos de la ciencia, o será acaso que no la procuramos y no gustamos de ella de la misma manera que cuando nos la mascan un poquito.
La opinión es más entretenida sin duda ya que levanta pasiones. Con ella suscitamos movimiento en cuanto a la interpretación que de un algo hacemos para encontrarnos a través de ella en un rincón del cuadrilátero a veces sin pretenderlo. De opiniones se trata y no sé quién fue que dijo alguna vez que había tantas como culos.
He recompuesto sin embargo el censurado artículo "Miopes del más acá" borrando los comentarios poco afortunados que creo las malas lecturas suscitaron a priori con mejor resultado a mi parecer...juzguen y opinen the censored version, mucho más en la línea del blog jaja.

Y como Caraculiambro, señor de la ínsula Malindrania lo presento ante vuesas mercedes para que la vuestra grandeza disponga de él a su talante.

Aprovecho para añadir el comentario que hizo oscar sobre dicho artículo cuando voté por borrarlo, metiéndole a continuación de este al que también sirve, esperando me apruebe tal manipulación ya que no quería perderlo.





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1 comentario

oscar -

Como parece ocurrir a menudo, en un texto compuesto de N frases, cada una de ellas es interpretada con diferente intensidad emocional por cada lector. Una frase que para tí tiene interés 1.5 sobre 10, para mí puede tener interés 8.3, con lo que mi reacción será exagerada y, consecuentemente, mal comprendida por los demás. Nos ha ocurrido a todos y este artículo puede ser un ejemplo curioso en el cada uno, empezando por mí como conejillo de indias, puede hacer un divertido autoanálisis. Como dijo la caperucita interior:
- ¿Para qué hacer autoanálisis?
- ¡Para conocerrrrme mejorrrr! - dijo el lobo.
Yo no lo borraba.
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