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Sailor Worlds

El Vergel (Platero y yo, cap. 77)

El Vergel (Platero y yo, cap. 77)

Cada capitulo es una maravilla. Uno de mis preferidos es este. Aunque no os guste la poesia os aseguro que, como minimo si no estais muertos, os despertara algun sentimiento.

Como hemos venido a la Capital, he querido que Platero vea
el Vergel... Llegamos despacito, verja abajo, en la grata sombra
de las acacias y de los plátanos, que están cargados todavía. El
paso de Platero resuena en las grandes losas que abrillanta el
riego, azules de cielo a trechos y a trechos blancas de flor caída
que, con el agua, exhala un vago aroma dulce y fino.
¡ Qué frescura y qué olor salen del jardín, que empapa
también el agua, por la sucesión de claros de yedra goteante de la
verja ! Dentro, juegan los niños. Y entre su oleada blanca, pasa,
chillón y tintineador, el cochecillo del paseo, con sus banderitas
moradas y su toldillo verde; el barco del avellanero, todo
engalanado de granate y oro, con las jarcias ensartadas de
cacahuetes y su chimenea humeante; la niña de los globos, con
su gigantesco racimo volador, azul, verde y rojo; el barquillero,
rendido bajo su lata roja... En el cielo, por la masa de verdor
tocado ya del mal del otoño, donde el ciprés y la palmera
perduran, mejor vistos, la luna amarillenta se va encendiendo,
entre nubecillas rosas...
Ya en la puerta, y cuando voy a entrar en el vergel, me dice
el hombre azul que lo guarda con su caña amarilla y su gran reloj
de plata:
- Er burro no puéntra, zeñó.
- ¿ El burro ? ¿ Qué burro ? - le digo yo, mirando más allá de
Platero, olvidado, naturalmente, de su forma animal...
- ¡ Qué burro ha de zé, zeñó; qué burro ha de zéee... !
Entonces, ya en la realidad, como Platero «no puede entrar»
por ser burro, yo, por ser hombre, no quiero entrar, y me voy de
nuevo con él, verja arriba, acariciándole y hablándole de otra
cosa...
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1 comentario

macarro -

Yo también estaba ese día, con lo que déjame pensar...éramos: Platero, tú y yo. No sé si el otro eres tú o yo soy tú, pero me gustaría que reconocieses que estábamos los tres, y el sr burro cuatro.
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